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Por lo general y dado el desconocimiento
generalizado con respecto del tema, los títeres hacen su ingreso a las aulas
como un divertimento más, como una simple herramienta pasatista, comúnmente
mal empleada y con títeres mal construidos, para entretener a los educandos
luego de una jornada agotadora.
En otros casos, todavía más graves, se recurre a ellos para matar el tiempo
cuando no se sabe bien qué hacer o cómo rellenar un determinado espacio
curricular, desaprovechándose así la enorme riqueza didáctico-pedagógica que
los mismos pueden generar de estar correctamente aplicados y al mismo tiempo
planificados con criterio educativo, pues muchas de las disciplinas curriculares
y sus contenidos específicos pueden abordarse desde las posibilidades que el
teatro de títeres nos ofrece.
No obstante, hoy más que nunca e incluso a
la par de las sofisticadas herramientas tecnológicas, dada la multiplicidad de
técnicas titiritescas difundidas (guante, manopla, varilla, cabezudos, sombras,
objetos, etc.), además de la enorme cantidad de materiales existentes en
circulación (o reciclables) para la construcción del teatro de muñecos, podría
ser usado como un gran recurso innovador1 , generador
de múltiples aprendizajes, que no solamente involucran el “saber”
(o sea, todos los aprendizajes conceptuales, todo aquello puramente cognitivo),
sino que al mismo tiempo implican el “saber hacer” (es
decir, los procedimientos: métodos, técnicas, estrategias, lo instrumental y
resolutivo, etc.) y el “aprender a ser” (que hace
referencia a las normas, a los valores, a las actitudes, a las formas de ser y
de pensar, pautas de comportamiento, etc.). En suma, un saber integral.
1 Estamos en presencia
de un arte milenario, que cada día cobra más vigencia y que a cada paso se le
descubren nuevas funciones educativas, terapéuticas y expresivas.
Conforme a lo citado en el párrafo
anterior, me siento en condiciones de sostener que la construcción y posterior
manipulación de títeres en el aula conduce a un proceso de apropiación tan
significativo y global para niños y niñas, que los docentes deberíamos buscar
y aprovechar todas aquellas aristas que nos permitan fortalecer los aprendizajes
ya existentes y darle a los nuevos conocimientos aparecidos un lugar
preponderante, para que el intercambio de saberes entre niños y niñas sea una
constante entre los pares y no una casualidad.
De esta forma, en el intercambio grupal, niños
y niñas adquieren nuevos conocimientos, confirman otros aprendizajes ya
internalizados, intercambian distintos saberes (socialización de los hallazgos)
y luego los transfieren a nuevas situaciones de enseñanza y aprendizaje
semejantes. Es aquí, pues, donde están presentes o se desarrollan todos los
tipos de aprendizajes posibles. Veamos:
- Cuando los niños se proponen
construir los muñecos para una puesta en escena, en primer lugar deben
organizarse entre ellos y ponerse de acuerdo acerca de qué quieren hacer y qué
quieren decir; por lo tanto, van a aparecer distintas ideas y las van a discutir
en grupo, van a exponer frente a los demás sus puntos de vista y tendrán que
aprender a escucharse y respetar las opiniones del/los otros, e igualmente sabrán
(o aprenderán) a cotejar sus razones particulares, a defender su elección o a
refutarla con criterio, etc.
Pero, lo más importante, es que buscarán en conjunto soluciones creativas y de
esta forma también aprenden a actuar en conjunto, fortalecen vínculos que le
servirán para la futura vida ciudadana; o sea, aprenderán a ser sujetos democráticos.
- Cuando niños y niñas ya han
decidido qué quieren hacer o expresar, cuando ya tienen una idea de aquello que
necesitan exponer comienza la etapa de la selección de los materiales, que es
otra forma de aprendizajes significativos, pues cualquier material no es lo
mismo ni da lo mismo, y lo que pude gustarle a uno puede que al otro no le
agrade. Entonces, comienza toda una etapa de manipulación, reconocimiento y
exploración por diversas texturas, formas, colores, tamaños, densidades,
grosores, etc., que los distintos materiales le presentan.
A partir de allí, niños y niñas deben sensibilizarse con dichos materiales,
deben “escucharlos”, “sentirlos”, investigarlos, pues no da igual un
trozo de cartón que goma pluma, una tela que un trozo de plástico, un hilo
sisal que un alambre.
Cada material, con sus particulares propiedades, provoca en nosotros sensaciones
muy diversas, a veces placenteras y otras, no; y cada material también puede
permitirnos resolver la construcción de formas muy diferentes.
Por lo tanto, los materiales elegidos, también ofrecen oportunidades de
aprendizajes significativos desde otro plano, plano a veces muy poco explorado
en las instituciones educativas: las sensaciones y las emociones, qué nos
trasmite cada material y qué nos provoca (placer-displacer) tanto interna como
externamente.
- Cuando los aprendientes ya tienen
clara la idea de aquello que van a representar y también seleccionados los
materiales para la construcción de los títeres, comienza otra etapa
importante, otro proceso que no tiene desperdicio: la construcción del texto
dramático, la elección de los personajes y las características de cada uno
con sus respectivos roles (el bueno-el malo), el mensaje, la intención, el
“por qué” y el “para qué”.
Y aquí, también podemos detenernos para ver lo provechoso del tema y la
importancia del teatro de títeres como disparador para la construcción del
conocimiento. Si los niños van a hacer una representación histórica, tendrán
que buscar en una determinada bibliografía específica.
Si, por el contrario, el tema elegido es un tema de la actualidad contingente,
un tema social, etc., tendrán que buscar información en diarios y revistas,
ver noticieros, hacer entrevistas (y aprenderán a entrevistar); en fin, deberán
trabajar con técnicas, herramientas e instrumentos para la recolección de
datos.
Después, con todo lo seleccionado, construirán el texto, los diálogos, la
historia (que deberá tener principio, desarrollo y desenlace), los
enfrentamientos entre los personajes, con su entradas y salidas, y habrá un
mensaje, que no es otra cosa que el pensamiento de cómo ellos ven el mundo.
Cada día que pasa y que me toca trabajar en
perfeccionamiento y capacitación docente, busco en las técnicas titiritescas,
en todas aquellas que nos puedan abrir nuevas puertas a los aprendizajes y
servir para desarrollar en el aula los diferentes conocimientos de las distintas
áreas curriculares; es decir, trabajar y aprender con el arte -y en particular
los títeres- como un gran recurso de apropiación, construcción y posterior
transferencia de los más diversos saberes.
Y el teatro de títeres nos lo permite ampliamente, pues por ser un arte
milenario es un arte completo, donde se combinan las artes visuales (la forma,
el color, la luz, las texturas), la música (el sonido, los ritmos, las alturas,
los silencios, la dinámica), el movimiento (distintas calidades, peso, tono
muscular, desplazamientos), el teatro (personajes, roles, conflicto, acción,
espacio, tiempo), la danza, la literatura, pero también tecnología (para
construir un retablo el niño debe utilizar herramientas, poner iluminación,
usar o construir un mecanismo, etc.), matemáticas (debe saber medir, calcular,
dividir materiales), geometría, historia, ciencia, formación ética y
ciudadana.
En suma, todas las disciplinas pueden estar
presentes en un proyecto globalizador e interdisciplinario, parafraseando a
Edgar Morin: la inter-pluri-transdisciplinariedad. El curriculum educativo es
posible desarrollarlo con esta mirada, desde la creatividad y desde la
complejidad que la educación nos plantea. Les dejo el presente desafío y créanme
que lo van a disfrutar pero, por sobre todo y al igual que nuestros educandos,
van a aprender a aprender.
*Daniel Tillería Pérez
es Actor Nacional, Profesor Nacional en Teatro de Títeres, Profesor Nacional de
Música y Licenciado en Calidad de la Gestión de la Educación. Docente del
Instituto Superior del Profesorado de Música de Rosario, de la Escuela
Provincial Superior de Teatro y Títeres de Rosario, del Profesorado para sordos
e hipoacúsicos del Instituto de Formación Docente Nº 16 “Bernardo Houssay”
de Rosario, y del Profesorado Nº 9088 para el Nivel inicial y para la EGB 1 y 2
de la ciudad de Firmat , República Argentina.
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En el año del IV Centenario de la publicación del Quijote, el Ayuntamiento
de Segovia, en colaboración con Titirimundi, convocó un Concurso Internacional
de Teatro de Títeres para creaciones inspiradas en la obra de Cervantes El
ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Entre la docena de espectáculos
propuestos, el jurado eligió El pequeño teatro de Don Quijote de la compañía
Teatro de la Luna. El premio consistía en una asignación económica y en la
posibilidad de incluir el espectáculo en el programa oficial de Titirimundi de
2005. Como quiera que en el momento del fallo la programación ya estaba
cerrada, se ofreció la opción de participar en el Titirimundi de 2006. Y aquí
está Teatro de la Luna, una compañía formada por algunos componentes
segovianos que, después de 15 años, se ha sacado la espina de actuar "por
fin" en el Titirimundi de su ciudad.
Merecimientos aparte, Teatro de la Luna ha presentado un espectáculo cuidadoso
y limpio tanto en el aspecto literario como en el escénico. La obra El pequeño
teatro de Don Quijote es una aproximación al texto cervantino para promocionar
su lectura en el ámbito infantil. En este sentido, la propuesta de la compañía
aporta otra característica más que es su sinceridad.
En sentido estricto, el espectáculo posee un planteamiento lector no solo por
las continuas invitaciones a leer el libro sino porque la propuesta tiene un
marcado estilo narrativo con imágenes que evocan las viñetas gráficas de un cómic.
La primera cuestión se resuelve escenificando solo tres o cuatro aventuras y
proponiendo la lectura con frases como "en el libro del Quijote tomareis
buena cuenta de estas aventuras y de muchas más".
En cuanto a las imágenes, el montaje presenta algunas escenas con secuencias en
las que aparecen los personajes con diferentes tamaños y utilizando diversos
espacios de la escenografía. Se podría decir que el montaje aplica la técnica
cinematográfica de planos panorámicos, largos y cortos. Personalmente me
inclino más por la técnica de las viñetas puesto que la puesta en escena
juega con la integración de los muñecos con el actor o la actriz disfrazados
asumiendo otro personaje. Me parece la técnica apropiada para fundir el aspecto
literario con las imágenes, al tiempo que la narración con el teatro. Pienso
que es uno de los grandes logros de este delicioso espectáculo al que, en
cierto modo, también hay que decirlo, le falta viveza, un ritmo más dinámico
con transiciones menos pausadas.
Globalmente, El pequeño teatro de Don Quijote presenta una dramaturgia basada
en la narración escenificada a modo de teatro ambulante. Una pareja de
cuenteros -más narradores que titiriteros- tiene un enorme baúl que, abierto,
muestra varios cajones de donde surgen los personajes y el atrezzo. Pero los
cajones no son simples contenedores sino que, sorprendentemente, algunos se
convierten en teatrillos. El espectáculo consigue la atención de los pequeños
espectadores y es una buena excusa para que los mayores promuevan la lectura.